martes, 24 de junio de 2025

TEXTO EXPOSITIVO

 DEFINICIÓN

Un texto expositivo es aquel que explica de manera objetiva un tema específico para informar al lector, sin incluir opiniones personales del autor ni intentar persuadirlo. 

Su propósito principal es presentar información clara y ordenada sobre un tema, utilizando un lenguaje preciso y accesible para el público objetivo. 


CARACTERÍSTICAS DE UN TEXTO EXPOSITIVO

Los textos expositivos se caracterizan por lo siguiente:

  • Transmiten información: tiene como fin comunicar al lector un conocimiento específico.
  • Aspiran a la objetividad: no buscan convencer, sino aportar información.
  • Suelen utilizar un registro formal
  • Pueden incluir explicaciones, ejemplos, resúmenes y otras estrategias para jerarquizar la información y ayudar al lector a comprenderla.
ESTRUCTURA DE UN TEXTO EXPOSITIVO
  • Introducción:
    En esta sección, se introduce el tema principal del texto expositivo. Es donde se establece el propósito del texto, se puede dar un contexto o antecedentes, y se puede adelantar brevemente el enfoque que se le dará al tema. 
  • Desarrollo:
    Esta es la parte más extensa del texto, donde se desarrolla el tema en detalle. Se presentan argumentos, datos, ejemplos, definiciones y cualquier información relevante para explicar el tema a fondo. 
  • Conclusión:
    La conclusión resume los puntos principales discutidos en el desarrollo, ofreciendo una síntesis de la información presentada. Puede incluir una reflexión final, una recapitulación de los hallazgos o una perspectiva general sobre el tema. 

TIPOS DE TEXTO EXPOSITIVO

Los textos expositivos se clasifican en dos grupos:

  • Textos expositivos divulgativos. Son aquellos que están dirigidos a un público amplio, sin requerimientos previos especializados, y, por lo tanto, abordan temas de interés general, usualmente desde una perspectiva relativamente simple. Sus oraciones tienden a ser breves y fáciles de comprender, y su lenguaje es llano y accesible.
  • Textos expositivos especializados. Son aquellos que están destinados a un público reducido y especializado, ya que manejan un lenguaje técnico, complejo o exigente para el lector. El público ideal de estos textos son los entendidos en la materia, o sea, aquellos que poseen conocimientos previos adquiridos mediante el estudio y la formación en el tema.

FICHA DE PLANIFICACIÓN DEL TEXTO EXPOSITIVO

 

1.       ELEGIR EL TEMA

 

2.       ELEGIR EL TIPO DE EXPOSICIÓN

DIVULGATIVO

ESPECIALIZADO

3.       REDACTAR EL TEMA

AYUDA A DEFINIR Y DESCRIBIR ELTEMA, SUCESO, PROCESO O PROBLEMA, ASÍ COMO LAS CAUSAS, CONSECUENCIAS Y POSIBLES SOLUCIONES.

 

4.       BUSCAR INFORMACIÓN

TIENES QUE IDENTIFICARLO QUE QUIERES SABER YDÓNDE LO PUEDES ENCONTRAR (ENCICLOPEDIAS, LIBROS, PÁGINAS E INTERNET, ETC)

 

5.       IDENTIFICA LA INFORMACIÓN MAS RELEVANTE

SUBRAYA LA INFORMACIÓN MÁS IMPORTANTE PARA RESPONDER LAS PREGUNTAS QUE REDACTASTE.

REVISA LOS TÍTULOS, SUBTÍTULOS, PALABRAS CLAVES, RECUADROS, ILUSTRACIONES PARA QUE DECIDAS QUE MATERIAL SERÁ ÚTIL

6.       REDACTAR EL TEXTO

ORDENA LA INFORMACIÓN DE ACUERDO CON LA IMPORTANCIA QUE TENGAN Y REVISA LA COHERENCIA ENTRE LOS PÁRRAFOS PARA EXPRESAR CLARAMENTE LA INFORMACIÓN QUE SE QUIERE COMUNICAR.

  •         INTRODUCCIÓN: REDACTA UNA BREVE PRESENTACIÓN DEL TEMA PARA DESPERTAREL INTERÉS DEL LECTOR.
  •          DESARROLLO: EXPLICA, DESCRIBE Y EJEMPLIFICA EL TEMA. PUEDES UTILIZAR SUBTITULOS SI TU TEMA ES EXTENSO
  •           CONCLUSIONES: REDACTA UN RESUMEN DE LA INFORMACIÓN QUE COMPARTISTE

 

7.       USAR CONECTORES O NEXOS

PARA SEÑALAR, UNIR ENUNCIADOS O SEÑALAR EL ORDEN DE LAS IDEAS, EXPLICAR UNA CAUSA O UNA CONSECUENCIA.

8.       REVISAR EL TEXTO

  • REVISA EL USO DE LAS MAYÚSCULAS, LA ORTOGRAFÍA Y LA PUNTUACIÓN. CONSULTA UN DICCIONARIO SI NO SABES CÓMO SE ESCRIBE UNA PALABRA.
  • AGREGA REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
  • AGREGAR IMÁGENES PARA COMPLEMENTAR  EL TEMA




EJEMPLO DE TEXTO EXPOSITIVO SOBRE EL RECICLAJE
Introducción:
El reciclaje es un proceso fundamental para la sostenibilidad del planeta. Consiste en transformar materiales usados en nuevos productos, reduciendo así la cantidad de residuos que terminan en vertederos y disminuyendo la necesidad de extraer nuevas materias primas. 
En este texto, exploraremos la importancia del reciclaje y sus beneficios para el medio ambiente.
Desarrollo:
El reciclaje contribuye significativamente a la conservación de los recursos naturales. Al reutilizar materiales como papel, plástico, vidrio y metales, se disminuye la explotación de bosques, yacimientos mineros y fuentes de petróleo. Esto ayuda a proteger ecosistemas frágiles y a reducir la contaminación asociada con la extracción y procesamiento de materias primas. 
Además, el reciclaje disminuye la cantidad de residuos enviados a vertederos, lo que reduce la contaminación del suelo y el agua, y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático al disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con la incineración de residuos. 
El reciclaje también puede generar empleos en la industria del reciclaje y promover una economía más circular. 
Conclusión:
En resumen, el reciclaje es una práctica esencial para la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Al reciclar, contribuimos a la conservación de los recursos naturales, la reducción de la contaminación y la mitigación del cambio climático. 
Es responsabilidad de cada individuo participar activamente en el reciclaje, adoptando hábitos sostenibles y fomentando una cultura de responsabilidad ambiental. La adopción de políticas públicas que promuevan el reciclaje y la educación ambiental son cruciales para asegurar un futuro más sostenible para todos.




martes, 10 de junio de 2025

CUENTO: EL SUEÑO DEL PONGO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

 

Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.

El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludó en el corredor de la residencia.

- ¿Eres gente u otra cosa? - le preguntó delante de  todos los hombres y mujeres que estaban de servicio.

Humillándose, el pongo contestó. Atemorizado, con  los ojos helados, se quedó de pie.

 

-¡A ver! - dijo el patrón - por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas sus manos que parece que no son nada. ¡Llévate esta inmundicia! - ordenó al mandón de la hacienda.

Arrodillándose, el pongo le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.

El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus  fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros  lo compadecían. "Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza", había dicho la mestiza cocinera, viéndolo.

El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba  callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban, cumplía. "Sí, papacito; sí, mamacita", era cuanto solía decir.

Quizá a causa de tener una cierta expresión de espanto, y por su ropa tan haraposa y acaso, también porque quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el corredor de la casa- hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba             siempre al pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como a un trozo de pellejo.

 

Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le     daba golpes suaves en la cara.

-Creo que eres perro. ¡Ladra! - le decía. El hombrecito no podía ladrar.

-Ponte en cuatro patas - le ordenaba entonces-.

El pongo obedecía, y daba unos pasos en cuatro  pies. -Trota de costado, como perro–seguía ordenándole el hacendado.

El hombrecito sabía correr imitando a los perros  pequeños de la puna.

El patrón reía de muy buena gana; la risa le s acudía todo el cuerpo.

-¡Regresa! - le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo del gran corredor.

El pongo volvía, corriendo de costadito. Llegaba fatigado.

Algunos de sus semejantes, siervos, rezaban mientras tanto el Ave María, despacio, como viento interior en el corazón.

-¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcacha eres! - mandaba el señor al cansado hombrecito.

- Siéntate en dos patas; empalma las manos.

Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.

Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillo del corredor.

-Recemos el Padrenuestro - decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.

El pongo se levantaba a pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese lugar correspondía a nadie.

En el oscurecer, los siervos bajaban del corredor al patio y se dirigían al caserío de la hacienda.

-¡Vete, pancita! - solía ordenar, después, el patrón al pongo.

Y así, todos los días, el patrón hacía revolcarse a su nuevo pongo, delante de la servidumbre. Lo   obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de sus iguales, los colonos.

 

Pero... una tarde, a la hora del Ave María, cuando  el corredor estaba colmado de toda la gente de la hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ese, ese hombrecito, habló muy claramente. Su rostro seguía un poco espantado.

-Gran señor, dame tu licencia; padrecito mío, quiero hablarte - dijo.

El patrón no oyó lo que oía.

-¿Qué? ¿Tú eres quien ha hablado u otro? – preguntó.

 

 -Tu licencia, padrecito, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablarte - repitió el pongo.

-Habla... si puedes - contestó el hacendado.

 

-Padre mío, señor mío, corazón mío - empezó a hablar el hombrecito -. Soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos; juntos habíamos muerto.

- ¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio - le dijo el gran patrón.

-Como éramos hombres muertos, señor mío, aparecimos desnudos. Los dos juntos; desnudos   ante nuestro gran Padre San Francisco.

- ¿Y después? ¡Habla! - ordenó el patrón, entre  enojado e inquieto por la curiosidad.

-Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A ti y a mí nos examinaba, pensando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que somos. Como hombre rico y grande, enfrentabas esos ojos, padre mío.

- ¿Y tú?

-No puedo saber cómo estuve, gran señor. Yo no puedo saber lo que valgo.

-Bueno, sigue contando.

-Entonces, después, nuestro Padre dijo con su boca: "De todos los ángeles, el más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño, que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro, y la copa de oro llena de la miel de chancaca más transparente".

- ¿Y entonces? - preguntó el patrón.

Los indios siervos oían, oían al pongo, con atención sin cuenta, pero temerosos.

 

-Dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco dio la orden, apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de nuestro Padre, caminando despacio. Detrás del ángel mayor marchaba otro pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las manos una copa de oro.

- ¿Y entonces? - repitió el patrón.

-"Ángel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen sobre el cuerpo del hombre", diciendo, ordenó nuestro gran Padre. Y así, el ángel excelso, levantando la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, todo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies. Y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente.

-Así tenía que ser - dijo el patrón, y luego   preguntó:

- ¿Y a ti?

 

-Cuando brillabas en el cielo, nuestro Gran Padre San Francisco volvió a ordenar: "Que de todos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de gasolina excremento humano".

- ¿Y entonces?

-Un ángel que ya no valía, viejo, de patas        escamosas, al que no le alcanzaban las fuerzas    para mantener las alas en su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien cansado, con las  alas chorreadas, trayendo en las manos un tarro grande. "Oye viejo - ordenó nuestro gran Padre a ese pobre ángel -, embadurna el cuerpo de este hombrecito con el excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo, de cualquier manera; cúbrelo como puedas. ¡Rápido!". Entonces, con sus manos nudosas, el ángel viejo, sacando el excremento de la lata, me cubrió, desigual, el cuerpo, así como se echa barro en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado, en la luz del cielo, apestando...

-Así mismo tenía que ser - afirmó el patrón.

- ¡Continúa! ¿O todo concluye allí? -No, padrecito mío, señor mío. Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo, nos vimos juntos, los dos, ante nuestro Gran Padre San Francisco, él volvió a mirarnos, también nuevamente, ya a ti ya a mí, largo rato.

 

Con sus ojos que colmaban el cielo, no sé hasta qué   honduras nos alcanzó, juntando la noche con el día, el olvido con la memoria. Y luego dijo: "Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho tiempo".

El viejo ángel rejuveneció a esa misma hora; sus alas recuperaron su color negro, su gran fuerza. Nuestro Padre le encomendó vigilar que su voluntad se cumpliera.

 

José María Arguedas