La novela
narra el proceso de maduración de Ernesto, un muchacho de 14 años quien debe
enfrentar a las injusticias del mundo adulto del que empieza a formar parte y
en el que debe elegir un camino. El relato empieza en el Cusco, ciudad a la que arriban Ernesto y
su padre, Gabriel, un abogado itinerante, en busca de un pariente rico
denominado El Viejo, con el propósito de solicitarle trabajo y
amparo. Pero no tienen éxito. Entonces reemprenden sus andanzas a lo largo de
muchas ciudades y pueblos del sur peruano. En Abancay, Ernesto es matriculado como
interno en un colegio religioso mientras su padre continúa sus viajes en busca
de trabajo. Ernesto tendrá entonces que convivir con los alumnos del internado
que son un microcosmos de la sociedad peruana y donde priman normas crueles y
violentas. Más adelante, ya fuera de los límites del colegio, el amotinamiento
de un grupo de chicheras exigiendo el reparto de la
sal, y la entrada en masa de los colonos o campesinos indios a la ciudad que
venían a pedir una misa para las víctimas de la epidemia de tifus, originará en Ernesto una profunda
toma de conciencia: elegirá los valores de la liberación en vez de la seguridad
económica. Con ello culmina una fase de su proceso de aprendizaje. La novela
finaliza cuando Ernesto abandona Abancay y se dirige a una hacienda de
propiedad de «El Viejo», situada en el valle del Apurímac, donde esperará el
retorno de su padre.[
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